Sobre la política mezquina
José Manuel Fernández [Periodista] 
Hace años que no realizo información política. Era realmente apasionante en aquellos años, contar las cosas que, hasta poco tiempo antes, habían estado vetadas a todos los ciudadanos. Después de la transición, que debió ser un sarampión que nos inmunizó a todos de la fiebre política, reconozco que ya no me atrae el tema. No solo es tendenciosa y sectaria, la información política que se hace ahora, sobre todo es aburrida. Por eso está perdiendo espacios en los periódicos. O será que estos han elegido el camino de no disgustar a los personajes políticos en materias que podrían ser espinosas.
Ahora se confunde la política con los políticos, que son esos personajes tan particulares que siempre se consideran en la necesidad de salir en todas las fotos y opinar sobre todo, y sus palabras acaban escupiendo sandeces o insultos al adversario. Si alguien tratara de indagar sobre el contenido de la gestión política, se daría cuenta del fraude en que se ha convertido. Todo parece ideado para que la gente no se entere de nada, incluso para confundirla. Nadie quiere profundizar en lo verdaderamente importante, que es la naturaleza de las decisiones adoptadas.
El problema es que los políticos, si no todos, casi todos, han acabado por disfrutar de una acomodada posición a costa del contribuyente y por eso consideran que, en la polémica, les va la vida, porque deben competir con otros de su misma condición que tratan de arrebatarles lo que consideran que ya les pertenece. Los de abajo tratan de medrar, es ley de vida y, como siempre hay alguien por encima, siempre estamos en la gresca. El ámbito oficial, en definitiva, les ampara a todos. La actividad política se ve limitada por esa cortedad de miras de los personajes públicos, y así andamos.
Hace unos años, al llegar la democracia, despertaban cierta curiosidad estos afanes, por novedosos. Luego nos hemos dado cuenta de que los políticos siempre actúan de la misma forma, con independencia de la opción política a la que pertenezcan.
La política, así, se convierte en una actividad mezquina que consiste en negar el pan y la sal al adversario, para impedirle que pueda realizar su aportación a la cosa común, que vista así deja de ser común para convertirse en patrimonio de unos pocos, llamados líderes, en realidad miserables individuos.









