Un profundo error de la Diputación
José Manuel Fernández [Periodista] 
Se equivoca la Diputación Provincial de Jaén, y gravemente, al conceder uno de sus Premios de la Provincia a Baltasar Garzón, un jurista, sí, pero apartado de la Judicatura por un delito de prevaricación en relación precisamente con las libertades constitucionales de la persona. Sería un precedente muy peligroso.
En 2012, el Tribunal Supremo inhabilitó a Baltasar Garzón como juez, durante 11 años, por un delito de prevaricación, al ordenar escuchas ilegales entre los imputados del caso Gurtel y sus abogados, lo que conculcaba derechos constitucionales de los acusados. Este hecho no puede ser soslayado por la Diputación de Jaén ni, incluso, por el resto de instituciones que comparte los premios de la Provincia.
Podría haber elegido Diputación otra excusa para agasajarlo, pero no la defensa de los valores constitucionales. Tampoco se trata de una persona popular entre la gente de Jaén, en el sentido civil de la palabra, y seguro que la decisión del jurado encargado de conceder los premios, si es que ha existido, no ha alcanzado la unanimidad que una personalidad de relieve indiscutible se merece.
Eso sí, Garzón es anualmente el personaje inevitable de las jornadas jurídicas de Torres, un evento, por lo demás, organizado a mayor gloria de su persona, y sin otra mayor trascendencia en cuanto a contenido. Nadie se molesta en disimular las afinidades políticas del protagonista de estos encuentros y, en un jurista, ese hecho añade poco de valor a su independencia de criterio.
Conceder un premio en estos términos, aparte de un error, es abrir la puerta a una controversia que la provincia de Jaén no se merece. Baltasar Garzón tuvo sus momentos de gloria en otra época. Primero como juez, en la lucha contra el terrorismo y, posteriormente, en su trabajo como delegado del Plan Nacional contra la Droga. La operación Nécora marcó un antes y un después en la lucha contra el narcotráfico.
Pero fueron sus críticas a las instituciones, en relación con la escasez de medios contra esa lacra, las que pusieron en evidencia sus reticencias a mantener la responsabilidad que se le había encomendado. Ya en la Audiencia Nacional reorientó su actuación judicial para acometer contra el terrorismo de Estado, mostrando nuevamente sus deseos de ruptura contra el grupo político que le había encumbrado a tareas de primer nivel, que parece ser no conciliaban con sus deseos y aspiraciones en la esfera pública.
No es el papel de Diputación reescribir la historia y mucho menos en áreas de trascendencia constitucional. Baltasar Garzón no es un ejemplo de la defensa constitucional, si nos referimos a la Constitución española de 1978, todavía en vigor en nuestro país.










