¿Para qué una OMIC?
José Manuel Fernández [Periodista] 
No acabo de comprender algunos de los servicios que dice prestar el Ayuntamiento de Jaén, hasta tal punto que, la mayoría de las veces, me inclinaría por pedir su clausura. Es el caso de la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC). Mis dudas se refieren al cómo, no al qué. Seguro que los funcionarios implicados desarrollarían mejor otra función distinta que la de mero escaparate de un departamento que, en realidad, no sirve para nada. ¿Es este otro chiringuito de los que hablan los políticos?
En esta ocasión he visitado las dependencias de la mal llamada Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC), y lo he hecho en calidad de consumidor afectado por la actuación escandalosa de una gran empresa (grande en cuanto a tamaño, no en cuanto a calidad de servicio), en la convicción de que la Administración, en este caso la municipal, sería una última trinchera de defensa contra el atropello y los funcionarios, un equipo profesional competente aliado con mi persona y mis intereses.
Pues no: he recibido la respuesta de que éste es un servicio neutral, que no puede inclinarse en una reclamación por una u otra parte, lo cual viene a significar que la equidistancia entre una compañía, con infinidad de medios y recursos, y el simple ciudadano, debe mantenerse en todo el procedimiento. Nada de asesoramiento legal, nada de orientación sobre las actuaciones más adecuadas para la defensa del consumidor, ni una mísera fotocopia por cuenta de la casa (a ver si va a ser esta la causa de la ruina financiera del Ayuntamiento de la capital del Santo Reino). Así nos aseguramos, se aseguran, de que los derechos de los ciudadanos serán pisoteados inexorablemente. Lo único que he comprobado que fehacientemente se cumple, y con generosidad, es el horario dedicado a desayuno.
La apariencia de la OMIC de Jaén es la de un reducto de paz, un remanso de tranquilidad para sus moradores. Enseguida advertimos que la inquietud de los funcionarios la provoca el ciudadano con problemas, circunstancia que se produce cuando aparece alguien de la calle con una carpeta bajo el brazo. Se ve que no están acostumbrados. Luego vienen las explicaciones, o sea la falta de explicaciones, ante cualquier pregunta. Nada de asesoramiento y pocas facilidades.
--Usted escriba su problema en este formulario –te dicen-- y lo entrega aquí. Si no le atienden puede insistir, pero esta vez ante el Registro del Ayuntamiento. Y ya le contestarán.
Punto y final.
Para el ciudadano en apuros, encontrar un departamento oficial donde le muestren comprensión, es ya una emoción, casi un triunfo. No entienden los funcionarios de la OMIC que ellos no son jueces, tampoco administradores de lo público. Por eso, deben implicarse con las personas que necesitan ayuda, no declararse neutrales ni indiferentes. ¿Acaso las empresas acuden también como perjudicadas ante la OMIC? ¿Les niegan también a las empresas una fotocopia?
Para hacer lo que hacen, ya están los funcionarios del Registro General. Por cierto ¿dónde protestar por esta indolencia de los funcionarios de la OMIC?









