Con estos personajes, mejor la inteligencia artificial
José Manuel Fernández [Periodista] 
¿No les parece a ustedes que la nómina de personajes de la pequeña pantalla es demasiado reducida? Siempre aparecen las mismas caras, para hablar sobre los mismos temas, incluso sobre cuestiones especializadas que requieren de una cierta formación intelectual. En estos casos, no sé por qué ha de preocuparnos el impacto de la inteligencia artificial, cuando sería una solución más que aceptable.
Debo confesar que me aburre la televisión, hace años que no me atraen otros programas que no sean los informativos. El motivo es que siempre aparecen los mismos rostros y se tratan los mismos temas, aunque sean presentados bajo distintos formatos. Se repiten los presentadores, los colaboradores, siempre aparecen los mismos personajes en espacios de actualidad, política o cultura. Y curiosamente todos suelen opinar sobre todos los asuntos, como si de especialistas se tratase. Hablan con una enorme soltura sobre temas que uno siempre ha creído que merecen una formación previa especializada, por respeto a las audiencias.
El caso es que la oferta de las televisiones en cuanto a programación no suele ser muy variada: hay concursos, documentales, realitis y poco más. Y en todos los casos, es obligada la presencia de invitados, caras conocidas del panorama nacional que adornan el plató con sus intervenciones. Últimamente también ocurre esto en las tertulias políticas, esos espacios interminables, en los que siempre se habla de lo mismo, o sea, el bochorno del día, y que las distintas cadenas afrontan con el indisimulado propósito de arrebatarse las audiencias unas a otras.
Se trata de espacios poco informativos y de dudosa calidad, que explotan el carácter escasamente dialogante de los intervinientes, extremo que tampoco tratan de disimular. A cada uno le asignan un guión y de ahí, como la burra en el trigo, no hay quien lo saque.
Me llaman la atención personajes como Mario Vaquerizo, las hijas de Lola Flores, el hijo de la Pantoja, Gonzalo Miró o la inigualable Belén Esteban, meros colaboradores de multitud de programas, convertidos por la televisión en estrellas rutilantes, obligadas a saber de todo y opinar sobre todo.
Otra característica es el aumento de la tensión, una tensión fingida, imagino. Interesa la bronca entre los distintos personajes o tertulianos. Cuanto más chabacana sea la discusión, mejor. Se entra a debatir sin pudor sobre todo tipo de asuntos, incluida la vida personal de otras personas. La bajeza en los planteamientos no está descartada, sino todo lo contrario. No basta la extravagancia, la rareza o el sentido del humor.
Todo tiene que ver, seguramente, con cuestiones económicas. Se pone en nómina a individuos que dan juego en distintos perfiles y, lógicamente, los resultados no pueden ser siempre brillantes. Es decir, se les busca por la cara o el apellido. Como en todos los negocios, prima el dinero, o sea, la economía de medios sobre la calidad. No cuenta la sabiduría ni tampoco la buena educación. En estos casos, mejor la inteligencia artificial, fría pero eficaz.
En realidad, la tesis podría aplicarse a otras facetas de la vida pública, como la política, precisamente ahora que andamos tan preocupados por los problemas que puede generar la AI. Vista la actitud y los comportamientos de algunos personajes públicos, mejor quedarnos con la versión automática del conocimiento. Al menos, así evitaríamos los exabruptos soeces.










