Los periodistas veteranos, un valor en declive
José Manuel Fernández [Periodista] 
Elsa González, una gran periodista madrileña, que fue presidenta de FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España), recordaba no hace mucho la necesidad de que convivan varias generaciones de periodistas en una misma redacción, de manera que los veteranos puedan transmitir a los más jóvenes toda la experiencia que han ido acumulando durante sus años de trabajo. Valoraba, de esa manera, la importancia de preservar el gran patrimonio profesional acumulado por la labor de periodistas de distintas edades en un mismo medio, con el fin de mantener elevado el nivel de autoexigencia y así garantizar la calidad del producto informativo que reciben los ciudadanos.
Era ésta una vieja costumbre que ha perdurado durante años en los medios informativos, particularmente los periódicos, pero que ahora parece estar perdiéndose. El respeto a la labor profesional de aquellos que nos precedieron y, en muchos sentidos, abrieron las puertas al trabajo de hoy, era una forma inteligente y humanizada de conservar el valor de la experiencia de los periodistas de mayor edad, como fuente de conocimiento.
Esa virtud ha comenzado a decaer en aras de unas cuentas de resultados que están dejando tras de sí un lamentable y desolador panorama de desempleo y precariedad. Los periodistas veteranos son ahora los primeros en ser despedidos o prejubilados, mostrando aquí la crisis del sector su peor rostro, porque ha resultado ser una excusa perfecta.
Curiosamente, es constatable el hecho de que muchos editores muestren orgullosos sus cifras de ventas, al tiempo que exigen ayudas oficiales para paliar los efectos de la crisis. Aseguran carecer de recursos para negociar mejoras salariales, pero disponen siempre de fondos interminables para facilitar el despido o la prejubilación de los miembros más valiosos de sus plantillas, que suelen ser los de mayor antigüedad.
Los jóvenes tienen un gran valor intelectual adquirido en las facultades, y un enorme potencial técnico que, sin embargo, está aún por demostrar cuando acceden como redactores a sus primeros puestos de trabajo. Los compañeros de mayor edad contribuirán con su experiencia a desarrollar todos los conocimientos que les ha transmitido la universidad a los recién llegados. Por eso se equivocan las empresas al despreciar ese enorme caudal de sabiduría. No todo es tecnología en los medios, ni simple destreza en el oficio. Es más, el manejo de los nuevos instrumentos puestos al servicio de la comunicación no constituye, en sí mismo, el elemento más valioso de un medio, sino que es la formación humanística del personal, el factor fundamental en que se apoyará su independencia de criterio.
En Jaén tenemos también muchos ejemplos de esta política insensata, que ha arrinconado a los informadores veteranos, la mayoría de las veces para que sus puestos sean ocupados por jóvenes licenciados, o no, contratados por un sueldo inferior. Para muchas empresas, el valor del periodista se mide ahora por la antigüedad en el medio, pero sólo en función de su coste salarial y no por su aportación intelectual al producto informativo que se comercializa. Pero al final, en el pecado suelen llevar la penitencia, en forma de contenidos tan livianos y fugaces como la propia estructura de la empresa.










