Que nadie diga que el campo no avisó
Que nadie diga que el campo no avisó
Laura Díaz Barrio [Directora de Agranda, Andalucía Agraria] 
Hay mucho que decir y que escuchar, sobre todo, que escuchar. Y si hay un sector donde la comunicación no puede fallar es el agrícola. Los agricultores avisan, defienden, denuncian, exigen, al unísono o en solitario, organizados o de manera espontánea. Pero, la pregunta sigue ahí, ¿quién les escucha realmente? ¿Hay alguien al otro lado que se detenga, que responda? No es una minucia, no es ruido, es la necesidad más elemental de un sector al completo.
Cuando no se escucha, el campo lo nota antes que nadie. Para que esa comunicación tan deseada llegue a buen puerto no basta con asentir, hay que actuar. Ya ocurrió, en la campaña pasada, cuando los precios en origen del aceite de oliva virgen extra no acompañaban a la realidad de la producción. El sector avisó, las organizaciones agrarias avisaron, los agricultores de a pie avisaron, porque veían venir las consecuencias que ellos mismos terminarían soportando.
En un sector tan decisivo como el agrícola, la comunicación no puede darse por sentada. Si no se escucha al campo, se toman decisiones a ciegas, se planifica contra quienes labran el suelo, se decide contra quienes levantan los olivos. Y entonces llegan las contradicciones.
A pesar de todo, su voz permanece. El sector alza la voz y lo hará siempre que haga falta. Por eso, en esta campaña hay que escuchar más, prestar más atención a los avisos sobre unos costes que aprietan, sobre una climatología que no atiende a previsiones, sobre un mercado cada vez más marcado por la volatilidad y la incertidumbre. Avisos que, si no se escuchan, se convertirán otra vez en titulares que parecen inevitables.
Porque escuchar no es un gesto hacia el pasado, es una inversión hacia adelante. Si no se escucha, no sirve de nada prever. Las campañas agrícolas no se sostienen solo con datos: se sostienen con diálogo, con planificación compartida, con políticas que nazcan de la realidad.
El campo seguirá advirtiendo. Lo hace cada año, con paciencia y con contundencia. Lo único que falta es que alguien, de una vez por todas, decida escucharlo. Porque entenderlo es una forma de cuidarlo, y cuando se ignora al campo, perdemos todos; pero cuando se le atiende, todo lo demás comienza a tener sentido.
