La encrucijada del olivar social: Precio digno o despoblación agraria
La encrucijada del olivar social: Precio digno o despoblación agraria
Francisco Elvira [Secretario general de COAG Jaén]
Tras años de precios volátiles que han zarandeado al olivar, la campaña 25/26 se alza como una encrucijada. Hemos vivido el absurdo: precios altos impulsados por la sequía y la escasez, seguidos de una caída en picado al asomar una cosecha media. El patrón es dolorosamente conocido en el campo: cuando la producción respira ligeramente, el mercado, en un giro perverso, ahoga al productor.
Los datos no mienten, y las cifras no son un debate académico. Estudios como el dirigido por Manolo Parra, bajo el amparo del Consejo del Olivar de la Diputación, situaban el coste de un virgen extra razonable en torno a los cinco euros y medio por kilo. La realidad del mercado, sin embargo, ha coqueteado con los tres euros y medio, e incluso ha llegado a rozar apenas los cuatro euros en origen por kilo. La diferencia entre estas cifras no es un simple matiz, es la línea que separa la supervivencia de un profesional agrario de la obligatoria resistencia a pérdidas. Sin un precio digno, el agricultor simplemente no aguanta.
La Autorregulación: Un dique necesario
Aquí es donde entra en juego, por fin, la herramienta por la que el sector ha batallado: la autorregulación. Su lógica es tan simple como crucial: dotar al mercado de amortiguadores. El olivar, marcado por la vecería y caprichos climáticos, genera picos de producción. La herramienta debe permitir retirar aceite en campañas abundantes para liberarlo en aquellas de menor cosecha, sosteniendo un precio equilibrado. Esto no solo cubre los costes al productor, sino que evita los absurdos en la cadena, como ver garrafas con sistemas antirrobo: un síntoma claro de un mercado descontrolado.
Aunque la próxima cosecha, previsiblemente inferior a la media, no exija su uso inmediato, la aprobación operativa de esta norma por parte del Gobierno ya es un paso de gigante. Es una línea de defensa irrenunciable, lista para actuar en el momento en que vuelvan los picos de producción que generan una volatilidad injusta y arruinan las cuentas de explotación.
La Amenaza Política: La PAC
El otro gran frente es la Política Agraria Común (PAC). La reforma que se está dibujando en Europa es profundamente lesiva para nuestro olivar. La estandarización de las ayudas por cultivo y, en la práctica, la renacionalización de una política que debería ser genuinamente comunitaria, suponen un riesgo real para el olivar social.
Si cada Estado miembro puede recomponer el esquema a su antojo, el olivar que vertebra el territorio, genera empleo y equilibra la población rural, corre el peligro de quedar relegado. El debate de la PAC va más allá de un simple reparto de presupuesto: se trata de decidir si Europa apuesta firmemente por incentivar la producción de alimentos o si se resigna a desvestir a su propio campo. El aviso político de "cambiar comida por armas" resume, sin rodeos, el peligro de priorizar otras agendas a costa del corazón agrícola.
Mirar al cielo no es suficiente
Mientras la política y el mercado se pelean, el cielo dicta su parte. Es cierto que las lluvias del inicio de campaña fueron un salvavidas para el secano, mitigando un verano seco y una primavera insuficiente. La floración y el cuajado fueron prometedores. Sin embargo, el estrés hídrico obligó al olivo a soltar aceituna para sobrevivir. El fruto no ha madurado con la carga de grasa esperada. El resultado es una campaña 25/26 que se espera inferior al aforo previsto y a la anterior.
Toda agua es bienvenida, caiga cuando caiga. Pero la conclusión es clara y concreta: para la próxima cosecha, la prioridad debe ser doble. Necesitamos una autorregulación efectiva que estabilice el precio por encima de los costes de producción, y una PAC que no desarme el corazón agrícola que sostiene el territorio. Sin olvidar el tan necesario relevo generacional. Aquí es donde se juega el curso del olivar: en darle seguridad a quien produce y estabilidad a un mercado demasiado dado a los vaivenes que solo benefician a unos pocos. Sin agricultor, no hay olivar que resista.
