Porqué se distancia la sociedad civil de la clase política
Porqué se distancia la sociedad civil de la clase política
José Manuel Fernández [Periodista] 
Ha sido una constante en la historia de España. La escasa capacidad de liderazgo de la clase política, que las encuestas identifican como una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, parece guardar relación con el decepcionante distanciamiento que han mostrado las oligarquías más preparadas de nuestro país respecto de la gestión pública. Los profesionales más capaces y los grandes intelectuales, siempre han huido de los partidos y, por extensión, de cualquier actividad relacionada con la política, en un fenómeno de aversión que parece recíproco.
Hay un esfuerzo interno para alcanzar el poder dentro de las organizaciones partidistas, porque ésa es la única vía posible para aspirar a las listas de candidatos y dar el salto a la actividad política, aunque el proceso puede favorecer la formación de grupos enfrentados. Porque ser candidato es estar en política con opciones de llegar lejos, y solo se puede estar si se pertenece al colectivo dirigente.
La carrera política ha llegado a convertirse en una opción profesional de primer orden, si bien solo es posible triunfar en sistemas endogámicos como el nuestro, donde no se puede acceder a ningún cargo de elección democrática si previamente no se ha pasado por el proceso de control interno de los partidos, de ahí que los mayores esfuerzos se centren más en lograr el poder orgánico que en adquirir una formación técnica adecuada que luego se traduzca en una actuación pública competente. Por eso, los mensajes y propuestas que se formulan suelen ser en realidad apriorismos ideológicos basados en el pasado.
No es pues la mala fama de los políticos lo que inhibe de la actividad pública a los mejores, sino la propia organización interna de los partidos y su encorsetamiento disciplinario disfrazado de ideología. En realidad, en los partidos casi nunca triunfan los mejores, sino los que saben eludir a los adversarios internos: los mejor entrenados en la confrontación política.
Por eso, la identificación de sistema democrático con el procedimiento de listas cerradas que defienden los partidos conducirá, necesariamente, al cuestionamiento de toda la arquitectura institucional si ésta se muestra incapaz de resolver los problemas. El escoramiento del electorado hacia los extremos será pues inevitable.
La política así planteada será pues el primer obstáculo intelectual a demoler, el que impide la participación real de los ciudadanos, porque llegan a descubrir que, en realidad, ese es un mundo ajeno a los intereses generales de los ciudadanos. Además, el clientelismo fomentado por los partidos suele entrar también en crisis cuando las nuevas generaciones no se pueden adoctrinar con sucesos enquistados de los que no participaron, y se mueven más por criterios de interés personal, que es precisamente lo que están viendo en el panorama político. Los casos de corrupción se vuelven entonces inevitables.
¿Qué puede aportar de novedoso un personaje a un cargo de responsabilidad después de veinte años ocupándolo? El problema es que la autocrítica resulta un trauma muy duro de superar para aquellos que no conocen otro medio de vida. Y no saben hacer otra cosa.
