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El escalón del Camarín

Espléndida la restauración de la Iglesia de San José, abierta al público en 1588, en donde se ubica el Camarín de Jesús. No hay más que comparar las fotografías del antes y del después de la reforma del edificio, de marcado carácter renacentista, publicadas en la página web de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús. Faltan detalles ornamentales por pulir, alguna mano de barniz y otra de pintura en algunas zonas. Insignificancias para lo que supone culminar el armazón arquitectónico de este bello edificio tanto tiempo abandonado y olvidado de la memoria colectiva. El edificio ahora rehabilitado llegó a ser entre los siglos XIX y XX colegio militar de cadetes y viviendas militares, vivienda particular del Conde de Humanes, cuartel de la Guardia Civil y, finalmente, casa de vecinos.

El próximo 27 de noviembre la imagen de Nuestro Padre Jesús será trasladada desde la Catedral, en donde ha permanecido las últimas décadas, hasta el reformado templo de San José para ocupar el sitio en el que nació históricamente. La opinión pública se ha dividido entre los que son partidarios de que la imagen permanezca en la Catedral y los que defienden que debe ocupar el lugar que por tradición le corresponde. Sea como fuere, ya no hay marcha atrás. ‘El Abuelo’ saldrá del Camarín en la Semana Santa de 2010, como ha reiterado el hermano mayor de la Cofradía, Prudencio Villar.

Sin embargo, he de precisar algo en lo que parece que nadie ha caído antes de abrir primero el edificio civil y procederse luego a su conversión en templo para el culto. No se ha tenido en cuenta que el lugar tendría que ser accesible y, por tanto, debería carecer de barreras arquitectónicas para que pudieran acceder al mismo los que han de utilizar una silla de ruedas. Si se observa con detenimiento, el edificio está dotado en la entrada con cámaras de seguridad, ejemplo de modernidad; incluso, la puerta del camarín, que es otra a la de la entrada a la iglesia, está dotada de rampas para facilitar el  trabajo de los costaleros. Pero la entrada principal del templo desde la calle Carrera de Jesús está provista de un innecesario escalón, lo suficientemente elevado para que no pueda pasar una silla de ruedas. ¿Es que nadie ha pensado en este mínimo pero grandísimo detalle para muchas personas con minusvalías físicas? Ya que tanto se nos suele llenar la boca con la palabra solidaridad, ¿no hubiera sido este un gesto solidario?

Tal vez, alguien argüirá: “menuda simpleza lo del escalón, pues con una pequeña rampa se soluciona”. Ya lo sabemos. Pero, quien así piense, con toda seguridad no estará en una silla de ruedas. Vale que cuando en el siglo XVI se proyectó la Catedral nadie pensara en cuestiones de accesibilidad. Sin embargo, ya va siendo hora en este siglo XXI de que las restauraciones  llevadas a cabo con tanto esfuerzo y dinero público sean tan primorosas como accesiblemente correctas.