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En busca del amor

Vivimos en los últimos años una invasión de programas, reality shows, o espectáculos de una realidad forzada, que tienen, o supongo que eso pretenden tener, como protagonista el amor.

El último de ellos es "Casados a primera vista" que hará el seguimiento durante un mes a cuatro parejas unidas por un tets de compatibilidad y que se conocen en el momento de la boda. Conozco parejas que tras años de vida en común el matrimonio les duró menos, pero claro, supongo que ellas no utilizaron ese tets, ni tampoco habrían superado el 80 por ciento de compatibilidad.

A primera vista, y a falta de conocer los resultados de este programa, para nada nuevo, ya que se ha podido ver antes en otros países, perdonen que les diga que a mi me recuerda a aquellos matrimonios concertados donde las familias creían saber con absoluta seguridad cuál era la mejor pareja de sus pupilos. Solo que aquí se sustituye a los padres por un erudito grupo de expertos formado por una psicóloga, una sexóloga y un psiquiatra.

Dudo mucho de la continuidad de esos matrimonios concertados por una cadena de televisión, pero nunca se sabe, también dudo que después de 18 años de matrimonio superase yo un test de compatiblidad con mi pareja, a pesar de los hijos, la hipoteca y las facturas a medias.

Y aquí llegamos al punto de la eterna pregunta. ¿Qué es el amor?, ¿qué buscamos en él? ¿dónde ? y ¿cómo?

Parece ser que lugares los hay para todos los gustos. Unos prefieren contar con la ayuda de sus madres en el programa "¿Quién quiere casarse con mi hijo?", otros se decantan por hacerlo sin tapujos y se enfrentan desnudos, en toda la amplitud de la palabra, a la búsqueda, en "Adán y Eva".  Hay quien prefiere que se lo busquen y elijan como en "Casados a primera vista". Los más mayores confían en el presentador Juan y Medio del programa "La tarde, aquí y ahora". También los hay que echan mano de las redes sociales y los más tradicionales continúan tirando del "¿estudias o trabajas?", si es que se sigue preguntando eso.

El caso es abandonar una soledad que a pesar de todas las tecnologías sigue asustando al más pintado y que a pesar de lo que se pueda pensar se hace más grande con el paso de los años.