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¡Ay, mi Jaén!

Las estadísticas siempre son frías: el número de parados, los hogares que no pueden pagar la luz, las familias que no tienen para dar de comer a sus hijos y,  por ejemplo, el salario medio de los trabajadores. Los datos en sí no duelen, lo que hiere siempre es la realidad social que revelan. Confieso que odio las estadísticas, sobre todo cuando se refieren a Jaén. Y las aborrezco porque siempre sitúan a la provincia en el culo del mundo mundial. Ni creo ni defiendo el victimismo. Ahora bien, afirmo que en esta tierra nuestra plagada de olivos viven miles de víctimas de la desigualdad social en comparación con las víctimas de otras tierras.

Viene esto a cuento porque la Agencia Tributaria ha publicado los datos relativos al salario medio de los trabajadores españoles durante los años de la crisis. De modo que mientras un asalariado en Madrid en 2013 cobraba una media de 24.571 euros, uno de Jaén percibía 11.779 euros. Jaén es la primera con los sueldos más bajos de España. Hagan cuentas. El resultado final será igual a una pasada.

Además, mientras las provincias con los salarios más elevados han mantenido sus sueldos durante la crisis, en los territorios menos productivos (léase Jaén) han sufrido un significativo descenso en los últimos cinco años. A medida que el paro es mayor (como sucede en Jaén), la presión sobre las nóminas también es elevada, ya que crece de forma intensa el número de trabajadores dispuestos a aceptar un empleo con menores retribuciones.

No me extraña que en esta tierra nuestra el motivo fundamental de discusión en el seno de las familias sea el de cómo llegar a final de mes. Cómo pagar el recibo de la luz, el del agua, el de la hipoteca… y al mismo tiempo procurar llenar la nevera. Y supongo que a estos ciudadanos les traerá al pairo las discusiones de los representantes de los partidos políticos para ver quién la tiene más larga (disculpen por esta expresión tan machista).

De ahí este clima de desconfianza generalizada hacia las instituciones, hacia lo público y hacia lo privado. Hacia los viajes privados de sus señorías pagados con dinero público y hacia las privadas tarjetas negras de los banqueros, a los que rescatamos con ingentes cantidades de dinero también público.

Salarios bajos y desapego a todo lo institucional forman un cóctel explosivo que manejan de forma extraordinaria nuevas formaciones políticas. En todo caso, prefiero la lucha a la desesperanza y por eso no puedo evitar un doloroso suspiro: ¡Ay mi Jaén!