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Una cerveza en Cataluña

Hace muchos años hice un viaje a Cataluña para conocer Barcelona y el Museo Dalí de Figueras. Me llevó hasta allí en coche un amigo de la familia que había pasado unos días en Jaén de vacaciones y regresaba a su trabajo en Gerona, en donde vivía desde hacía tiempo. Al poco de entrar en Cataluña, atravesamos una autopista. Era un día sofocante de verano y el conductor decidió tomar un refrigerio en un restaurante de carretera. Eran las 12,30. Me pedí una caña en vaso helado y mi compañero de ruta hizo lo mismo. Sin embargo, un segundo más tarde, miró la hora y rectificó. Tomaré mejor un agua mineral. En Cataluña a esta hora no se toma aún cerveza.

Aquella anécdota juvenil quedó marcada en mi disco duro. Y ahora con la independencia y la consulta catalanas me ha venido de nuevo a la memoria. Comprendo que los catalanes quieran ser independientes. Tienen su propia identidad y quieren que la misma se refleje en una nación propia. En estos tiempos de crisis, todavía comprendo mejor aún que quieran separarse de España: creen que tienen la suficiente potencia económica como para vivir solos con sus propias cuentas.

¿Qué piensan los andaluces sobre la independencia de Cataluña? No he leído encuestas en ese sentido. Sé que al principio de la década de los 60 vivían en Cataluña más de 800.000 andaluces y, con los hijos de estos, en la actualidad pueden residir más de un millón de personas. Una cifra lo suficientemente importante como para decidir el resultado de una consulta sobre la independencia de Cataluña que se presupone muy reñido.

Desconozco la respuesta a esa pregunta. Pero si un andaluz es incapaz de tomarse una cerveza en Cataluña porque a unas determinadas horas no se bebe, lo tienen que pasar muy mal hoy por hoy los afincados de Andalucía en Cataluña. Sobre todo después de la impresionante manifestación de la Diada.

Puede ser que una mayoría de andaluces estén por la reconciliación, el entendimiento y por la permanencia de Cataluña en España. Pero ¿son libres realmente para expresar su sentimiento o por el contrario lo enmascaran o se engañan para no provocar rechazo? Creo no equivocarme si digo que los andaluces somos muy de aparentar, incluso ideológicamente. Así que es muy posible que si se les pregunta digan una cosa y piensen la contraria. En este caso, que expresen su conformidad con la independencia de Cataluña y voten lo contrario.

Si un pueblo quiere votar por su independencia, no habrá maquinaria burocrática que lo pare. No digo que no se tenga que respetar la Constitución. Digo que habrá que reformarla y cambiarla.  He visto en estos días como el primer ministro británico ha  implorado a los escoceses (que votan dentro de unos días por su independencia) que no se separen.

Tomemos nota. Apelemos a los sentimientos para romper este diálogo de sordos entre España y Cataluña.