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Cerrado por desidia

Llega el verano y la ciudad empieza a mostrar su habitual estampa anodina, que se hace más reconocible los fines de semana. Al éxodo de vecinos a los Puentes y a las playas se le unen los muchos bares y establecimientos comerciales que bajan sus persianas en la época estival. Lo que ocurre es que este año son muchos más los cierres forzosos que los voluntarios. Basta un recorrido desde el casco antiguo al bulevar para comprobar la cantidad de negocios que han echado el cierre de modo definitivo. El adiós de la conocida Librería Gutiérrez en el Paseo de la Estación, después de casi medio siglo de vida, es quizá el mejor síntoma de ese declive económico y social.

El sombrío paisaje urbano tiene otros referentes. Son los numerosos solares abandonados que pueblan cada uno de los barrios de la ciudad, y que son un riesgo potencial de incendios en estas fechas. Pero si ya es triste que sean muchos los particulares que no puedan evitar esa imagen deplorable de sus terrenos, más grave aún son los casos de solares responsabilidad de las administraciones públicas. Ciudad de la Justicia, nueva sede la Policía Local, aparcamiento del bulevar, yacimiento de Marroquíes Bajos son algunos casos de proyectos que llevan años (y décadas) esperando a las máquinas. Y qué decir de los lugares dónde sí llegaron las grúas, pero allí se quedaron inactivas durante mucho tiempo. El mejor ejemplo de ello es el Museo Ibero, una mole de cemento incrustada en pleno centro de la ciudad, cuyas obras se pararon por los recortes de la Junta de Andalucía y ahora su reinicio se demora por el eterno enfrentamiento entre las administraciones local y autonómica a cuento de la licencia.

Así que más que un cierre por vacaciones, Jaén parece más instalada en un cierre por desidia. La misma que demuestran nuestros gobernantes. Ahí está, si no, el caso del alcalde, José Enrique Fernández de Moya, más pendiente de buscarse una salida honrosa de un Ayuntamiento en ruinas que de cumplir con su contrato de cuatro años con los ciudadanos.  Tras fracasar su intento de dar el salto a la cúpula regional del PP (un deseo nunca negado por él) y de colarse en algún Ministerio aprovechando una remodelación del Gobierno, el alcalde y senador jiennense se ha dado de tiempo hasta septiembre (primero dijo finales de junio) para deshojar  la margarita con su familia de si seguirá o no como alcalde o, al menos, como candidato popular en 2015.

Una sensación de interinidad municipal de la que no acaba de sacar rédito la oposición municipal. Es verdad que el PSOE parece ahora un partido mucho más pacificado internamente, pero no es menos cierto que sigue sin presentarse como una alternativa sólida de gobierno. El varapalo de las últimas Elecciones Europeas (que contrasta con el aumento de IU o la irrupción de Podemos) ha escocido en un partido que parece desnortado y que, a menos de un año para las próximas Municipales, sigue con más dudas que nunca sobre su candidato/a.  El calendario federal del partido contempla unas primarias en septiembre en las capitales, pero da la impresión de que el futuro rostro electoral socialista en Jaén llegará muy justito a su cita con los electores en mayo de 2015.