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Minitrabajos

En los años 60 y 70 los emigrantes españoles partían a Europa y América en busca de trabajo y una vida mejor. Yo los he visto en la estación del tren de Jaén con sus maletas de cartón y la mirada perdida en un destino incierto. Los andaluces podríamos dar clases de emigración. Partían sin una peseta y trabajaban diez y doce horas diarias. Cobraban un buen sueldo y tenían su contrato de trabajo. Su único objetivo era ahorrar para volver a su tierra. Su vida consistía en trabajar, comer y dormir. Cuando ahorraban un buen puñado de billetes, regresaban para comprarse una casa y una parcela de olivos.

Este fenómeno acabó en 1973 como consecuencia de la crisis del petróleo. Con la entrada en 1986 de España en la Unión Europea y la bonanza económica que la precedió, los emigrantes pasaron a ser cosa del pasado: España se convirtió en un país con un nivel de vida envidiable que ya no producía emigrantes, sino que los acogía.

Aunque España nunca ha destacado por tener una tasa de desempleo baja, nadie había imaginado que la actual crisis dejaría casi 6.000.000 de parados y que se 'cebaría' especialmente con los jóvenes. El desempleo juvenil en estos momentos ronda el 50%, y si no fuera por la fuerte emigración de la juventud en los últimos años sería aún peor.

El número de jóvenes españoles que ha emigrado al extranjero ha aumentado en un 41% desde que empezó la crisis en 2008, en la mayoría de los casos empujados por la falta de perspectivas laborales que ofrece un país en el que la tasa de paro juvenil supera el 50%. Alrededor de medio millón de jóvenes españoles formados han abandonado el país en los últimos cinco años desalentados por la falta de trabajo.

Según la reforma laboral aprobada por el actual gobierno, durante el primer año de contrato las pequeñas y medianas empresas (PYMES) podrán despedir al trabajador sin indemnización ni causa, lo cual supone abrir más aún las puertas al empleo precario y temporal. Los jóvenes, por su falta de experiencia, se ven obligados a trabajar por un sueldo bajo o a encadenar prácticas no remuneradas. Lo peor de esta situación es no saber cuánto durará.

La mayoría de los jóvenes que se van lo ven como algo temporal, piensan en trabajar fuera unos años hasta que "pase la crisis", o al menos su peor parte, para volver a casa y buscar trabajo allí. Sin embargo, ¿qué es lo que les espera? Hay teorías acerca de que a la crisis le seguirá un largo periodo de depresión que durará años, durante los cuales no habrá cambios significativos en la tasa de desempleo, y aún después las cosas no volverán a ser como antes.

Muchos de estos jóvenes han crecido con un nivel de vida que difícilmente van a ser capaces de poder mantener. Por tanto, el drama de este país aún llamado España es que tenemos a una generación de jóvenes marcada por la desesperanza de un presente oscuro y un futuro incierto. Lo peor de todo es que se ven en la necesidad de aceptar trabajos con ínfima remuneración salarial, abultadas jornadas de trabajo y cada vez menos derechos laborales. Eso o lo que quieren implantar ahora: los minijobs, los minitrabajos.

Tal y como yo lo veo, los minitrabajos son una forma de que una bolsa muy significativa de personas no generen gastos al sistema y de camino maquillen las cifras del paro. Pero los minitrabajos implican minisalarios, minipensiones y miniderechos. O sea que la crisis va a servir para un cambio profundo ideológico de las relaciones laborales en los que se terminará por aceptar cualquier cosa.

Hoy nuestros jóvenes ya no parten al extranjero en tren con una maleta de cartón huyendo del hambre. Lo hacen en avión en vuelos de bajo coste. Huyen a un país extraño para trabajar de limpiadores o camareros, expatriados de un país que después de formarlos les ha dejado desamparados de futuro.