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Felipe y Letizia íntimos

La Monarquía del Rey Juan Carlos y el propio monarca pasan por su peor momento desde que aquélla fuera reinstaurada y el monarca fuera designado sucesor de Franco. En la Pascua Militar celebrada el día de Reyes hemos visto al Rey como a un anciano torpe, titubeante e inseguro y, peor aún, incapaz de reconocer su propia incapacidad para presidir un acto público. Y lo hizo veinticuatro horas antes de que todo el país conociera la imputación de su hija Cristina por lavado de dinero en la empresa mercantil Aizoon. Ha sido el juez Castro quien ha movido ficha para dar jaque al Rey, al que cada vez le quedan menos piezas para evitar el mate. En los dos últimos años se han sucedido hechos como la cacería de elefantes en Botswana y la histórica petición de perdón por parte del Rey, el descubrimiento de los entresijos del caso Nóos, la aparición pública de Corinna, la herencia Real en Suiza y la exclusión de las infantas del núcleo central de la familia. Sin embargo, no quiere abdicar en su hijo Felipe.

Llegado a este punto es cuando me imagino la conversación que podrían haber mantenido el Príncipe y Letizia en la noche del siete de enero, tras el vacilante discurso del rey y tras la imputación de la todavía infanta Cristina. La escena pudo transcurrir en el confortable salón de su casa de Zarzuela, poco después de que despidieran a sus hijas con un beso de buenas noches.

-Letizia: Créeme, Felipe. Conozco bien el funcionamiento de los medios de comunicación. Sigo a diario en las redes sociales todo lo que afecta a nuestra familia. Por esto te digo que esto se acaba. Sí, me refiero a la Monarquía. Su imagen está tirada por los suelos. Te aseguro que la institución es hoy una fábrica para hacer republicanos. Así que haces algo estratégicamente hábil y directo o no llegarás a ser nunca Rey.

-Felipe: ¿Acaso no crees, querida, que soy consciente de todo eso? La última vez que insinué a mi padre que me consideraba preparado para asumir el trono me salió por los cerros de Úbeda. Que si él había salvado a España del triunfo de un golpe militar, que si la transición a la democracia no hubiera sido posible sin su mediación, que…

-Letizia: Vamos a ver Felipe. Tienes que hacer ver a tu padre que no está en condiciones de reinar. Y punto. Tu madre te apoya y yo ni te cuento.

-Felipe: Tú no conoces a mi padre. Él, como yo, ha sido educado para ser Rey y quiere morir siéndolo. Nuestra Monarquía tiene su propia idiosincrasia. O sea la de mi padre. Por otro lado, ahora no me puedo enfrentar a él, justo cuando mi hermana acaba de ser imputada por los líos con Hacienda.

-Letizia: Pues eso es Felipe. Que vosotros mismos estáis escribiendo el guion perfecto para firmar vuestra defunción. Un padre que se va a pegar tiros a los elefantes al África subsahariana en plena desolación económica del país. Y tu hermana Cristina que se dedica a pagarse las reformas del palacete de Barcelona con el dinero de una empresa sin ánimo de lucro. Ah, y además contrataba al personal de servicio con dinero negro.

-Felipe: Por favor, Letizia, te ruego que no seas tan dura con mi hermana. Mira dónde ha tenido que irse a vivir, a Suiza, para apartar a sus hijos de todo lo que está sucediendo desde hace ya dos años. Recuerdo cuando éramos una familia unida, todos juntos en verano. Y ahora no podemos hacer ni la foto de Navidad en familia…

-Letizia: A veces me desesperas, Felipe. Pareces un niño grande. Si quieres ser Rey tienes que dejarte de sentimentalismos, de niñerías y de bobadas. Ahora es cuando tienes que demostrar que eres un hombre. ¿Acaso no lees las encuestas? La Monarquía se hunde y sólo tú puedes salvarla y salvarte a la vez. Nadie se cree ya el apoyo incondicional de la prensa más rancia de este país.

-Felipe: ¿Cómo crees, Letizia, que debo tratar este asunto tan delicado con mi padre?

-Letizia: Primero, habla con tu madre. Es una mujer ponderada y prudente que por encima de todo te quiere. Ella sabrá también lo que tienes que hacer. Segundo, cuando hables con el Rey le expones la situación con crudeza y le lanzas un órdago: o abdicas o renuncio a la sucesión.

En ese momento en el salón de Zarzuela suela el teléfono. Presurosa, Letizia lo coge y sin mediar más palabras lo pasa a su esposo, no sin antes comunicarle que es su hermana Cristina. Y ya con el tono de voz en modo susurro le indica al Príncipe: ella también debe renunciar, pero ya, a sus derechos en la línea de sucesión al trono.

-Letizia: Me voy a dormir, querido. Descansa y piensa en todo lo que te he dicho.

-Felipe: (Se aparta un momento del teléfono y le dice:): A ver si esta noche puedo dormir mejor porque anoche tuve una pesadilla. En la misma abrías el Telediario de las 3 con la siguiente noticia: “La familia real partió anoche de incógnito hacia Grecia”.