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Unicaja desahucia a los jubilados

Unicaja fue calificada hace unos meses como bono basura,  en términos de mercado financiero, aunque bien pensado, podría aplicarse la misma expresión a las relaciones que mantiene actualmente  con sus clientes y, si me apuran, con la sociedad en general.  ¿Será que su estado patrimonial aconseja esta nueva versión perversa o simplemente constituye un ejemplo más en el confuso panorama de las falsas cajas de ahorros? Ya se sabe que el rescate bancario está sacando a relucir el perfil más afilado de cada casa. Pero una cosa es eso, y otra adjurar de todos los principios fundacionales que en su día motivaron la creación de estas entidades. Eso sí, se mantiene el nombre, la última mentira que se caerá del rótulo.

Unicaja nació como logo innovador, para mejorar en Andalucía la imagen un tanto vetusta de las tradicionales cajas de ahorros españolas. Desde ese momento dejaba de ser Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ronda, porque aspiraba a superar su origen local y paternalista, para lanzarse al mercado bancario con todo el rigor que los tiempos demandaban, aunque sin perder  su vocación social.

En una estrategia claramente expansionista, procedió a la absorción de varias entidades menores, entre ellas la Caja de Jaén, una operación que no ocultaba ciertas sinergias de carácter político. Sin embargo, la dinámica de la hecatombe bancaria ha obligado al sector a aplicarse con uñas y dientes, para no propiciar el hundimiento que amenazaba a todo el sistema financiero, luego necesitado de ayudas multimillonarias.

No solo Unicaja, hasta ese momento paradigma de la eficacia sin pérdida de espíritu social, sino la mayoría de las cajas, se han visto abocadas a apostar por un cambio de rumbo y dejar a un lado toda consideración ajena al beneficio. Dicho con otras palabras, debían olvidarse de ser cajas de ahorros y, sobre todo, de tener (monte de) piedad en sus relaciones con los clientes, la mayoría pequeños ahorradores, asalariados, modestos pensionistas, empresarios de escasa dimensión. Era el momento de acabar con las ayudas sociales y la atención preferente a los colectivos en dificultad. Y vaya si lo han hecho.

Una muestra de ese nuevo y frío espíritu bancario, ha sido el desahucio de un Hogar del Jubilado que patrocinaba la entidad en la capital. Y se nos ocurren algunas incógnitas al hilo de esa triste noticia: ¿Han participado de la decisión los directivos de la Caja de Jaén que ahora son miembros (y cobran por ello) del Consejo de Unicaja? ¿Se actúa con el mismo criterio en otras provincias?

Como decimos, la mayoría de las antiguas cajas han optado por esta estrategia infame de hurtar a los más desfavorecidos de las escasas atenciones sociales o culturales que aún recibían de ellas. Pero al menos, deberían hacerlo con un mínimo de decoro, sin mentir. Deberían empezar por decirles a sus clientes que ya no son cajas de ahorros y que ahora se mueven con unos criterios estrictamente mercantilistas, de banca privada, muy diferentes a los que inspiraron sus orígenes, motivo por el cual recibieron tanta simpatía y apoyo social.

Y puestos a desahuciar, podían haber empezado por el jubilado Braulio Medel, de no tan modestos recursos económicos, por lo que sabemos.