Logo

Estoy harto

Todo tiene su lógica y esta solo tiene un sentido cuando previamente existe un razonamiento. Por ejemplo, es lógico que el Ayuntamiento decida romper el acuerdo para gestionar la ayuda a  domicilio incluida en la Ley de Dependencia. Si ya le resulta complicado poder abonar la nómina  a sus trabajadores, parece razonable que exija a la Junta de Andalucía el pago que le corresponde para mantener el servicio de dependencia en la capital. Es lógico, por ejemplo, que si el Ayuntamiento corta la luz en la Vía Verde la Junta le retenga un dinero a cuenta de la deuda que mantiene la corporación municipal con la administración autonómica.

Así funciona la lógica política en las tierras del Santo Reino. Precisamente por eso también es lógico el desapego (por decirlo con candidez) que los ciudadanos demuestran hacia los políticos o hacia la llamada clase política, como se lee  y escucha en los medios de comunicación. De modo que si, como decía Marx (Groucho), tras una enconada lucha de clases partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria, la sociedad posmoderna ha añadido a las tradicionales clases altas, medias y bajas la clase política, precisamente la que decide con nuestros votos cómo va a vivir cada una de aquellas.

En pura teoría de la lógica, se supone que los ciudadanos depositamos nuestro voto en las urnas para que los políticos resuelvan nuestros problemas o, al menos, para que no nos compliquen la vida más allá de lo complicada que está es ya cotidianamente.

Pues bien, yo estoy harto de estos políticos que se creen los reyes de los castillos, léase instituciones, desde las que dirigen nuestros destinos. Estoy harto de que se arrojen mierda los unos a los otros sin pudor alguno. Estoy harto del ‘y tu más’. Estoy harto de que hagan públicos sus desacuerdos y con ello, por ejemplo, quiten el sueño a personas dependientes que no ven claro su futuro. Estoy harto de su ceguera. Estoy harto de que sean forofos de su partido y no de los ciudadanos que los elegimos. Estoy harto de que no se pongan de acuerdo. Estoy harto de que unos vean negro lo que otros ven blanco. Estoy harto de que no se sienten a negociar sin luz y taquígrafos para llegar a un consenso sobre algo, con el fin de que la luz y los taquígrafos solo sirvan para iluminar un acuerdo que lleve confianza a la sociedad. Estoy harto de promesas incumplidas. Estoy harto de que me engañen. Estoy harto de que nos hagan creer que nos merecemos los recortes porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Estoy harto de que  una capital como Jaén no sea más rebelde. Estoy harto de que nos tomen por gilipollas.

En fin, estoy harto de estar harto.