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Tiempo de poda

Es tiempo de poda. Y no sólo en el olivar, nunca mejor dicho. Llevamos meses e incluso años desmochando también el estado del bienestar de una u otra forma. ¡Con el trabajo que costó armarlo! Se agotan los epítetos para adjetivar esta situación tan incalificable y tan lamentable que tanto sufrimiento está dejando.

Ahora que las motosierras suenan y resuenan en el campo talando parte del bosque de olivar, el estado del bienestar sigue desangrándose y no se ponen en marcha otras recetas que taponen esta sangría, más allá de parches y de tiritas para hacer frente a esta hemorragia de grandes proporciones. Estamos en 2013, pero en algunas cosas parece que iniciamos la década de los 80.

Y lo que es peor, no se atisba un horizonte en el que se pueda dejar en paz esta guillotina de profundos recortes, de mal entendida austeridad y con el desempleo al galope, que tanto daño está causando al modelo social y económico tejido en las últimas décadas. Y algunos dicen que los resultados ya están llegando. ¡Cómo para no echar gota!

Faltan ideas, sobran declaraciones y brillan por su ausencia las soluciones. Hay una parálisis y una falta de liderazgo demasiado irritante y que llama poderosamente la atención. Más que ofrecer soluciones, se sigue con una absurda estrategia de guerra dialéctica que no conduce a nada, salvo la de justificarse. Veo demasiado seguidismo, demasiado cierre de filas, demasiado salvarse el culo, demasiado sálvese quien pueda. Y así no hay manera de salir de ésta.

Necesitamos menos pim, pam, pum. Ya va siendo hora de dejar la trinchera por la trichera. Estamos ante una situación Titanic que hay que combatir.

Pero ocurre que el arte de la política también se está desmochando, al menos en credibilidad. Se reacciona tarde y a veces mal y equivocadamente.

¿A dónde fue a parar el talento? ¡Viva la improvisación! Bienvenida la mediocridad. Poda y más poda.

Y ahora comienza también la poda de los ayuntamientos, sí la poda. La reforma que se avecina, y ojalá que me equivoque, lejos de arreglar un problema mucho me temo que lo puede agravar. Y no entro en el fondo de la reforma. Tiempo habrá para ello. Pero sí es llamativo que no se haya alcanzado un acuerdo de mínimos en un asunto de capital importancia y que precisa de un necesario consenso.  ¿Pacto? ¿Qué es eso?

Y mientras sigamos podando el estado del bienestar, talando derechos y asestando hachazos a las conquistas sociales me pregunto si esta falta de ramas nos dejará algún día ver el bosque con claridad.