Logo

2013, ni odisea ni paraíso

Ahora que entramos en el año 2013 me viene a la cabeza la película del Stanley Kubrick, “2001, una odisea en el espacio”, que abordaba la evolución del simio al superhombre en una lucha en el espacio. Pues bien, muchos agoreros pensarán que también 2013 es (por aquello de su terminación no apta para supersticiosos) una fecha señalada para afrontar cualquier evolución de la especie humana, aunque, después de las (afortunadamente) falsas profecías de los mayas, supongo que muchos habrán quedado debidamente resignados a su suerte.

La odisea que Kubrick llevó al espacio en 1968 viene a cuento ahora porque son muchos los que auguran que la provincia de Jaén vivirá una auténtica odisea en el año 2013. Si la crisis económica irrumpió en el país en 2008 (¡¡cuánto tiempo ya, por Dios!!) y se fue recrudeciendo año tras año, en esta provincia se va a mostrar con toda su virulencia este nuevo año, aunque ya me gustaría equivocarme. El motivo no es otro que el efecto de anestesia que ha tenido sobre la economía provincial el monocultivo del olivar. Después de dos campañas históricas en cuanto al volumen de producción y renta agraria, y de cifras en el último quinquenio por encima de la media histórica, el mar de olivos se ha instalado en la peor cosecha desde el año 1995, con lo que eso supone para las economías domésticas de más de 100.000 familias que no tienen otro tipo de ingresos.

Supongo que es la factura que hay que pagar por jugárselo todo a una carta. Cuando vienen buenas, todo va sobre ruedas. Pero cuando llega el crack, el impacto es duro. Vaya si lo es. Lo va a ser porque la cosecha de este año se va a reducir en torno a un 80%, con un descenso también pronunciado en la renta agraria que apenas podrán amortiguar los más de 400 millones en ayudas agrícolas que llegan cada año a la provincia. ¿Qué sería de Jaén sin ese colchón en un año como este? Una pregunta que, presumiblemente, nos tendremos que hacer más pronto que tarde si prospera la reforma de la Política Agraria Común (PAC) propuesta por Bruselas, y que plantea acabar con casi dos tercios de los ingresos actuales al olivar jiennense. Ahí es nada. Menos mal que no entrará en vigor al menos hasta 2015.

Así las cosas no resulta extraño que dirigentes políticos y sociales hayan profetizado que 2013 será un año de emergencia social para la provincia. Los más de 115.000 parados con los que Jaén despidió el año 2012 son un auténtico drama social se mire por donde se mire. Estamos hablando de una tasa de paro del 40%, por encima de la media andaluza y mucho más que la media española.

Claro que, mejor sería no buscar todos los males de la economía provincial en el cataclismo coyuntural del olivar. También la industria ha quedado reducida a la mínima expresión. O a un erial, como dijeron los grupos políticos del Ayuntamiento de Linares en el pleno en el que se pedía a la Junta de Andalucía la cesión de los activos de la factoría Santana Motor para su explotación municipal. Y es que Santana ejemplifica mejor que nadie el declive industrial de esta provincia en los últimos años. Santana cerró pero también muchas otras empresas vinculas, directa o indirectamente, a ella en toda la comarca norte de la provincia. Sin Santana en Linares, sin ladrillos en Bailén y sin las empresas de ida y vuelta que el incombustible Ramón Palacios trajo a La Carolina, el norte de Jaén no es ni un asomo de lo que fue no hace tantos años, la locomotora industrial de la provincia.

Por si fuera poco, el paraíso interior del que hace gala esta provincia ha dejado de cautivar a los visitantes. O mejor dicho, cautiva en menor medida, a tenor de la caída en los datos de ocupación del último año.

Con este panorama es normal que cunda el pesimismo. Aunque lo peor que podríamos hacer es caer en el desaliento. Estoy convencido de que 2013 no será ni una odisea ni un paraíso. No habrá odisea porque esta provincia ha sabido sobreponerse en otras ocasiones a circunstancias tan adversas como las actuales. Pero tampoco habrá paraíso porque la jodida crisis aún no tiene fecha de caducidad y las medidas que el Gobierno y la Unión Europea nos imponen (austeridad y más austeridad) no hacen más que asfixiarnos un poco más.