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La vida no sigue igual

Hemos llegado al ecuador de octubre. Y la verdad la vida no sigue igual.

Sin discusión, nos va peor. Se nota, ¿verdad? Habrá gente que no quiera darse cuenta de estos adversos tiempos y se las traerá al fresco lo que les pase a los demás, sobre todo esos que ahora son más ricos y que no saben lo que es pasar fatigas; esos que no saben lo que es dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento. ¡Viva la igualdad de oportunidades!

Retrocedemos a pasos agigantados, incluso en derechos, y nos vamos dejando jirones sobre lo que hemos conseguido no con poco esfuerzo en estos años, y  damos por bueno esta involución como si de un mal menor se tratara, sin rechistar, sin decir ni pío, sin el menor atisbo del derecho a patalear.

Entiendo y comprendo que hay que comer, es humano y legítimo, pero no todo puede valer, incluido tanto silencio, el ir cada uno a lo suyo y como mirando para otro lado ante tantos problemas, muchos de ellos de verdadero calado social.

Por eso abogo por reconducir con dignidad esta deriva social, la de un Gobierno sin ningún rumbo, o con una ruta que no llega a ningún puerto. Y la de una oposición que sigue buscando el norte, que muchas veces está en la orilla pensando por dónde cruzar la travesía que tiene que afrontar más pronto que tarde si quiere ser creíble.

Y así nos vemos. Y así nos va. Y aquí estamos porque hemos venido, o porque nos han traído. Y seguimos con nuestros viejos clásicos, haciendo la política de hace veinte años, como si los tiempos no hubieran cambiado, con los presupuestos de los recortes, con la campaña de la aceituna en ciernes que, por lo que dicen, va a ser de visto y no visto, implorando por un PER especial que no llega mientras que a la banca se le ayuda ¡y de qué forma!, Y toda esa retahíla de viejos temas irresueltos y pendientes que duermen el sueño de los justos. ¡Y lo que te rondaré!

Y a falta de buenos y útiles debates siempre nos quedará debatir sobre Cataluña, Euskadi y Galicia ahora que están en campaña. Así desviamos la atención a lo que de verdad a la gente le importa, mientras el ruido político ningunea y nubla las ideas, los programas, los proyectos, los debates sobre el Estado de la ciudad, de la comunidad o de la nación.

Menos mal que está la feria de San Lucas de Jaén, esa que dicen que cierra España, la de las vanidades, la de la sana diversión, la del dejarse ver para que te vean, la de las fotos, la del botellón, la de los niños, la de la verdadera amistad, ¡cuántas ferias caben en una misma feria! Tantas como grupos y personas, tantas como poses y tragos. ¡Y qué tragos!