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Mi credo

Creo en la Democracia como el sistema menos malo de gobierno, pero no creo en esta democracia mancillada por unos partidos que sólo utilizan a los ciudadanos como un instrumento para que depositen su voto en una urna. Hoy cobran vida las palabras de Winston Churchill: “el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”.

Creo en las Instituciones Democráticas como forma de control  de cada uno de los respectivos poderes: legislativo ejecutivo y judicial, pero no creo en las instituciones que han hecho lo que le han dado la gana bajo la apariencia de un control inexistente que ha sido incapaz de desterrar la corrupción.

Creo en la Política como el noble ejercicio de luchar para eliminar las desigualdades sociales, pero no creo en la política como mera herramienta de los políticos al servicio de sus respectivos partidos, despreciando los intereses ciudadanos.

Creo en la Justicia, pero no creo en una justicia cuyo órgano de gobierno máximo, el Consejo General del Poder Judicial, ha amparado las bravuconadas de un presidente corrupto.

Creo en los Ciudadanos de este país aún llamado España porque tras una guerra civil consiguieron hacer una transición pacífica, pero no creo en los ciudadanos que sólo protestan cuando los recortes les afectan a su bolsillo.

Creo en la bandera de la Libertad y por eso no tengo ningún miedo a que Galicia, País Vasco y Cataluña sean independientes si así lo deciden mayoritariamente sus ciudadanos, pero no creo en la libertad como un adorno que queda bonito en un texto constitucional.

Creo en la Solidaridad porque nos hace ser mejores personas, sobre todo en tiempos de incertidumbre, pero no creo en lo solidario como empresa para satisfacer nuestro ego.

Creo en la Banca como un arma para redistribuir el dinero de los que más tienen, pero no creo en los bancos como una simple máquina de ganar dinero a base de comisiones sonrojantes, ni creo en la desvergüenza de crear bancos ‘malos’ como si los demás fueran ‘buenos’.

Creo en la Juventud que se ha preparado para ganarse un futuro digno aunque no tiene más que un presente indigno, pero no creo en la juventud que no se une, no se rebela y no protesta para expresar pacíficamente su indignación sobre todo porque tiene un negro porvenir.

Creo en la revolución de Internet porque nos acerca a un mundo global aunque uno viva en un pueblo deprimido de 200 habitantes, pero precisamente por eso no creo que internet no ayude a ser más felices.

Creo en el silencio de millones de personas porque ese es también un grito interior de impotencia, pero no creo en el silencio de los corderos porque es interpretado por otros como un asentimiento de su política.

Creo en Jesucristo, sí en ese Jesús del madero, pero no creo en la iglesia ni en su jerarquía eclesiástica ni en sus sermones dominicales tan insulsos como reiterativos que nos quieren hacer ganar el cielo sin ayudarnos a sobrevivir en la tierra.

Creo en la vida porque a mí me ha dado una segunda oportunidad para recolocar ciertas cosas que no supe ver en la primera, pero no creo que la vida sea aquello que te va sucediendo mientras uno se empeña en hacer otros planes.

Creo que debo terminar y termino: ¿Y tú en qué crees?