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La izquierda, a no defraudar

Hoy arranca la novena legislatura en el Parlamento andaluz con la constitución de la cámara parlamentaria. Y ya les anuncio que no será una legislatura cualquiera. Estoy seguro que no dejará a nadie indiferente y barrunto que no pasará sin pena ni gloria. Para nada. Lo veremos.

Y sé que tendrá sus pitos y sus aplausos; sus detractores y sus defensores; sus luces y sus sombras; sus pros y sus contras; su haber y su debe; sus filias y sus fobias, su crispación, sus enfrentamientos e incluso hasta sus crisis; en fin, su división de opiniones. Nada nuevo bajo el sol.

Mucho han cambiado las cosas tras las últimas elecciones del pasado 25-M, en los comicios de la envenenada victoria-derrota del PP, de la dulce derrota del PSOE y del azucarado y decisivo triunfo obtenido por IU. Obviamente no ha habido alternancia política. Arenas tendrá que seguir haciendo la digestión de estos resultados en la leal oposición, pero no en el puente de mando de San Telmo.

Griñán diseña ya el traje de cómo será su nuevo ejecutivo. Da sus primeros pespuntes, aunque todavía quede tiempo para hilvanarlo, por lo que queda mucha tela por cortar antes de presentarlo en sociedad. Antes tiene que celebrarse el referéndum convocado por su socio, abrocharse los flecos del acuerdo para después empezar a rodar el nuevo Gobierno.

Les aventuro que hasta que no se engrase bien la maquinaria del nuevo ejecutivo, éste chirriará y desde la oposición se alentará y jaleará para restarle credibilidad e intentar que descarrile. Es la vieja estrategia de manual y de argumentario. Todo de muy primera cartilla: a, e, i, o, u.

Está por ver si la izquierda en Andalucía responde a las expectativas y al dictamen del electorado en las urnas. Esto sí es nuevo. Por eso hay gran curiosidad e interés. El PSOE e IU están obligados a no defraudar. Se juegan algo más que su crédito, por no decir su supervivencia y su solvencia política. No será fácil, pero no es menos cierto que los dos están condenados a entenderse, quieran o no quieran. Pragmatismo o hacerse el harakiri. Para eso hará falta algo más que un proyecto de mínimos, un programa común para arrancar, dotes de gran cintura política, flexibilidad, confianza y tener verdadera voluntad para funcionar como una máquina ensamblada en la que prime verdaderamente el interés general y nunca los intereses partidistas de los dos socios que aspiran a ser gobierno.

El PSOE e IU, los compañeros y los camaradas, tienen también una magnífica oportunidad de poder ofrecer un nuevo modelo de hacer política frente al Gobierno de Rajoy, con otro proyecto y con otras formas de entender esto de la cosa pública. Andalucía se convertiría así en un contrapoder al mapa azul del PP, con alternativas menos traumáticas y menos dolorosas que las que impone el Ejecutivo de la nación para salir de esta crisis que no sabemos derribar.

Ahora bien, no hay que ser un ingenuo. La disputa política entre administraciones va a estar servida en esta legislatura. Esperemos que el enfrentamiento no sea la nota dominante en el día a día y que Andalucía no sea considera como territorio comanche, como campo de batalla política ni se utilice a nuestra Comunidad como arma arrojadiza de los partidos políticos.

Ahora apremia una buena política de comunicación en estos tiempos de tanto vértigo, desde el más estricto respecto a la verdad y a los programas electorales. Ya pasó el tiempo de predicar, es hora de dar trigo, de cruzar el río, de no orillarse, de coger el timón del puesto de mando, aunque queme, y de remar todos en la misma dirección para dejarse el pellejo por Andalucía y por encarrilar los graves y profundos problemas que padecen los andaluces.

Ya pasaron las elecciones. Hoy comienza la sesión. Empieza la novena legislatura. Tienen la palabra los 109 diputados andaluces. Hagan buen uso de ella sus señorías por el bien de Andalucía y de los andaluces. Por favor, sean útiles a la sociedad. Por lo que más quieran. Es su obligación.