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Jaén, 1985

El Consejo Económico y Social (CES) de la ciudad de Jaén acaba de presentar un informe realmente desalentador sobre el estado económico y social de la capital en 2011. Lo ha elaborado el profesor de la Universidad de Jaén y doctor en Economía, José García Roa, que ha sabido condensar primorosamente la periodista Lorena Cádiz en el diario IDEAL. El CES local no hace más que ratificar algo que se palpa a diario: no hay oportunidades en el mercado laboral, con indicadores aún más negativos que en 2010. Y esto conducirá inevitablemente a una pérdida de población tanto entre los que trabajan en la agricultura como entre quienes ni siquiera han podido acceder todavía a un primer empleo. Son precisamente los jóvenes los que tropiezan con más problemas para encontrar trabajo en Jaén.

En 2011 se realizaron a jóvenes menores de 25 años 18 de cada 100 contratos. Además, hay un dato mucho más significativo, sólo el 9%  de los contratos se hicieron a jóvenes con estudios universitarios que se han formado en Jaén. Por eso, concluye el profesor García Roa, la mayor parte de estos jóvenes tienen que buscar trabajo fuera de Jaén o se ven obligados a aceptar puestos que requieren menor cualificación.

De modo que hemos formado jóvenes sobradamente preparados cuyo futuro es tan negro como la boca de un túnel al que no se le ve salida. El que esto escribe pertenece a una generación que, gracias al esfuerzo de sus padres, pudo terminar una carrera universitaria y encontrar trabajo en la primera empresa de Jaén a la que fue preguntar si necesitaban un periodista (no me pidieron ni curriculum, si bien es cierto que estuve casi dos años sin sueldo). España no había ingresado por entonces en la Unión Europea, no existía la prima de riesgo, ni los superpoderosos y anónimos mercados financieros. Los flamantes universitarios de aquella época no teníamos un futuro negro porque no había túnel.

En cambio, a los jóvenes de ahora, como sostiene el escritor y cineasta David Trueba, todavía no se les ha dejado llegar a ningún lado. Es como si de pronto nos hubiéramos dado cuenta de que somos un país pobre. Antes, en la década de los 60 y 70, la falta de trabajo llevó a la fuga de mano de obra no cualificada al extranjero, a Suiza, Francia y Alemania, sobre todo. Hoy, los jóvenes sobradamente preparados buscan una salida en Alemania, Francia  y Reino Unido.

Ante la nula perspectiva de trabajo, los jóvenes de Jaén, tan apegados en muchas ocasiones a su tierra, dan el salto a Inglaterra para aprender o perfeccionar el inglés. Pero hete aquí que tenemos a nuestros sobradamente preparados universitarios trabajando de camareros o limpiando habitaciones de hoteles.

De seguir así, no es que Jaén y sus jóvenes tengan el futuro negro, es que simplemente no se ve el futuro. Creo que no va a ser una generación perdida, sino ‘simplemente’ una generación que va a vivir peor que sus padres. Y cuando esto sucede, cuando la sociedad no avanza, cuando están en peligro derechos sociales, se produce una involución, un retroceso que nos llevará a desandar lo andado. Aunque confío que no sea tanto como para pensar en el  Jaén de 1985, año en el que un joven se cortó los testículos en Quesada por una promesa. El joven, de 27 años, había llegado a Jaén, procedente de Valencia, para encontrar trabajo en la rebusca de aceituna.

Y ya sabemos que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.